Quién sabe – si nada está pintado aún
si esta historia ha de existir.
Fauvista andante
y yo dadaísta errante.
Mezclar las palabras
para que hieran la mitad.
Miquel Black

La vida en rojo, veo.
El mismo color – si no fuese un loco,
de la sangre que pompea – graznando,
mi vientre – vacío aún.
Late bestialmente,
hipertensión diagnosticaron – los locos,
sin saber si quiera – pues la manta cubría,
que tu mano – oh, tu mano,
se posaba detrás de mi nuca
y era el olor el que me enloquecía – de tu sangre,
como un tiburón me tacharon.
Podía oír – y aún lo oigo, si recuerdo, si me esfuerzo
sendos tambores – los nuestros,
crujir abasteciendo mis nervios,
volviéndose etéreos
oliendo cada fragmento de los cuerpos
preparados para indagar en el
sucio podrido resentimiento.
La vida en negro, auguro,
pues fue en ese espejo en el que te comparé
-casi incomparable nuestra belleza-
en el que ahora tu figura se borra
y mi reflejo se torna en mi contra.
‘¡Loco!, ¡loco!, ¡loco!’.
Black, octubre2010

Tiritas – y yo contigo. Jamás jugué tanto con los dedos de alguien – ni siquiera el madito. Debe ser eso – tu marca de heroína. Me llevo un trozo de labio - y te robo un beso cada vez que me convenía. Deliras – y así seguimos.

Buscamos la luz entre el humo denso del rencor.
Tose la imaginación carraspeando complicaciones.
Es gris la llama – inexplicablemente fría.
Te repites – y yo, que si nos ahogamos
fue porque hubo un día en el que respiramos.
Me vale – quizás,
inhalar este aire contagiado de nuestro vaho.
Pero prefiero, por ahora, contraer los pulmones
y que no aprieten el corazón.

____________________________________________________________________
Me eres como parpadear.
anodino el corazón – de forma pueril
Fatua la importancia de todo pesar.
¿Es maldito el sentimiento?
¿O tal vez algo dantesco?
Un juego absurdo – una mirada hostil.
Son regodeos incesantes
parte del galope de este ave.
Turbación inesperada – enarca mi espinazo.

A ti te regalo cada uno de los espasmos
que provocaron que este corazón se callase.
Te solté la mano, y el mundo se inundó
de un apacible y letal testimonio de un acontecimiento.
Grandes fueron los porvenires que se alzaban
y sin más, al despertar, efímeros se convertían.
Me ahogaste dentro de un vaso que, en el cristal,
veíase la razón de tan abrupto final.
A ti, que me has derrotado, te culpo de cada uno de
los movimientos sin ritmo alguno de esta bomba
que ahora, de nuevo, estalla en baños de sangre.
Black, agost'10



Estaba formado por un cinismo inusual.
Aferróse a cada calada de humo como alivio
de cada punzada de recuerdos que le llegaban,
en unos espasmos involuntarios de hombre.
Una intranquilidad que anunciaba tormenta, pensaba.
No basta el coraje de los huesos herméticos.
Fingió heroicidad y sin más, era un vencido.
Demasiados reproches por achacar,
de una tentación que no lograba secar.
Black, juliol'10

